Ir a…

La La Land es Disney, Comanchería es Siria

Comanchería, dirigida por David Mackenzie, es un relato crítico y auténtico sobre los Estados Unidos profundos. Poca esperanza, mucha pobreza y las justas oportunidades. La La Land no deja de ser el típico sueño americano que muy pocos viven. 

No es ninguna sorpresa saber que las grandes películas críticas con el sistema no hacen grandes números en taquilla e incluso no tienen mucho interés entre el público, que ve el cine como un ratito en el que abstraerse de las miserias. Comanchería sufre de todas estas cuestiones. Nominada a 4 Oscars, apenas ha cosechado 27 millones de dólares en su país (aunque ya ha recuperado la inversión de la producción) a la espera de conocer datos en el resto del mundo.

Si el año pasado tuvimos La Gran Apuesta como gran largometraje crítico con la crisis económica iniciada en torno a 2008, Comanchería ha tomado el relevo. Pero la película de McKay trata el asunto desde las grandes esferas y Mackenzie desde el barro. La cinta se traslada hasta Texas para vivir como dos hermanos roban bancos en pueblos prácticamente abandonados a su suerte. Comanchería tiene olor a polvo y sabe a whisky mezclado con pimienta. Los malos de la película no son los hermanos, son los bancos.

Una banda sonora cruda

La BSO de la cinta, de la que ha estado a cargo el australiano Nick Cave, traslada a través de sus tonalidades graves y su selección de canciones folks a la puerta de un porche cochambroso en el que espera el propietario con una escopeta forrada con piel de serpiente.

No es optimista, no es positiva, no es idealista ni pretende que te vayas contento a dormir. Comanchería es el drama que se quiere ocultar dentro del primer mundo: La pobreza arrolladora, impasible, compañera de viaje. La historia busca una venganza y una ironía para que el espectador recapacite sobre estos últimos y largos años. Invierte la relación entre ciudadano y banquero. Y así es más evidente la estafa.

Escrita por Taylor Sheridan (David Hale en Hijos de la Anarquía) tiene además formato de road movie, un formato del que Hollywood no quiere olvidarse nunca y acaba siempre teniendo su hueco en los Oscars. Nebraska, Pequeña Miss Sunshine o incluso Mad Max son las precedesoras. Además del mensaje que guarda el libreto Mackenzie dirige de una manera que hace olvidar otros largos suyos como American Playboy (por suerte). No se extiende sin sentido ni abre puertas que no sabe cerrar. Las escenas de conducción son las más arriesgadas y las resuelve con mucha movilidad pero sin llegar a perderse como pasa en Fast and Furious. En Comanchería todo encaja y lo tienen claro como el whisky: Los banqueros son unos perros.

SobreJose Carmona Gilo

Historiador y periodista. Creador de El Baúl de Kubrick y redactor en Periódico Diagonal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: