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Atlanta; Un globo de oro a la segregación

La serie creada por Donald Glover, ganadora del Globo de Oro a mejor serie de comedia en la reciente edición, versa sobre los centenares de dramas que atraviesan dos primos para intentar prosperar en la vida. Sí, es humor.

El que fuese personaje protagonista de la humoristica e infravalorada Community, Donald Glover (Troy), ha roto todos los esquemas de seriéfilos. Cuando toda la atención recae sobre HBO y Netflix, el actor afroamericano ha conseguido un globo de oro para su proyecto y producción, emitida en Fox.

¿Por qué ha ganado el Globo de Oro?

Parece evidente que en los últimos años se están utilizando los premios para dar voz a series que nacen e intentan prosperar. La prueba clara fue que el año pasado se lo llevó Mozart in the Jungle, una serie outsider comparada con los grandes proyectos que hay hoy en día. Atlanta sigue esa estela. Fuera de todo género habitual, es una interpretación más relajada, cómica y destensionada de los guettos y la pobreza que la contundencia, profundidad y seriedad de The Wire. Pero sin embargo, comparten un nexo vital: una crítica plena al sistema estadounidense.

Suele ser habitual que las series idealicen la cultura negra, los barrios y a la clase trabajadora, o por el contrario, caigan en su más absoluta parodia. Altanta mantiene el tono y es realista. ¿Por qué? Porque en un barrio bajo hay violencia policial, precariedad laboral, relaciones de pareja tóxicas, vocabulario machista y feroz, hipocresía, prejuicios… Con todo eso, las contradicciones de la clase trabajadora son las que son, y Glover da en la diana.

¿Y el humor?

Por la descripción y sus parecidos, nadie pensaría que es una serie de humor. Pero lo es. Alejándose de las versiones más simples de American Pie o blancas de Friends o Big Bang Theory, Atlanta se ríe de la mierda de vida que llevan sus protagonistas, situándose en momentos que podrían ser sketches de Saturday Night Live. Una cena donde la factura se dispara, una armería donde te miran mal por querer disparar a perros pero no a personas o la verdadera segregación que sufre el rap en EEUU como ‘gente a la que odiar’ mientras los blancos y chicos buenos son los nueros perfectos.

 

 

Destellos de calidad

La serie, que tiene una libertad asombrosa y una ausencia de normas que la hacen más atractiva aún, llega al culmen en el episodio siete, en el que se escenifica un programa de debates en su totalidad, con publicidad incluida. No deja de lado la crítica (sin maldad) a la superioridad moral que tienen la raza blanca a la hora de explicar a los negros su pasado y cómo deben percibir los siglos de esclavitud.

Y por supuesto, no pasa por alto la cuestión de las drogas en los barrios bajos. Dicho por la boca de un personaje secundario pero sonando a conclusión del propio creador de la serie: “Los chicos no consiguen lo que quieren así que tienen que desahogarse de alguna manera”, en referencia al consumo de marihuana.

No se la pierdan.

SobreJose Carmona Gilo

Historiador y periodista. Creador de El Baúl de Kubrick y redactor en Periódico Diagonal.

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