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La Danseuse

Confirmando esta visión de película ‘femenina’, las tres actrices principales encarnan a la perfección sus papeles, haciéndonos cómplices de sus afectos y envidias

La Danseuse es la primera película de Stéphanie Di Giusto, quien declaraba hace poco en una entrevista: “El cine es capaz de lograr que cualquier cosa parezca interesante” y siguiendo sus propias palabras, ella ha hecho cine. Ha dirigido e ideado una película llena de momentos artísticamente estéticos, de planos cuidados y luces ensoñadoras. Historia rápida y ágil que nos guía al ritmo de la música y nos hace girar al son de su personaje principal, la reconocida como ‘fundadora de la danza moderna’ Loïe Muller, que aún compartiendo poco con el personaje histórico, poco importa en esta película.

Inspirada en la historia de Mary Louise Muller, La Danseuse nos pasea inicialmente por el primitivo oeste americano, donde nació la artista, para trasladarnos después al pintoresco París de finales del si
glo XIX, donde la ‘bailarina’ alcanzó su mayor triunfo. La ambientación, la suavidad y ‘dulzura’ de esta película la acercan más a una película romántica que a un biopic. Su historia deja florecer alternadamente los sentimientos de angustia y pasión, frutos del amor y de las ganas de luchar por un sueño.

 

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Si en algo coincide la película con la verdadera historia de Muller (además de su conocida “Danza Serpentina”) es en reflejar el tesón y el ingenio que una joven autodidacta, curiosa y con ganas de innovar en una época donde entran en conflicto las corrientes tradicionalistas contra los aires renovados del liberal Art Nouveau y del Modernismo. La incorporación de los juegos de luces y espejos, la contratación de técnicos especializados, la coordinación de todos los elementos con la música y sus propios movimientos sí que están captados en la película, de manera que nos muestra el nacimiento de un nuevo arte escénico, de una nueva forma de contemplar y de entender la expresión corporal como algo más allá de las academias y los cánones establecidos. Con Muller renace el movimiento primitivo, la expresión Naïf que todos llevamos dentro; y aunque elevarlo a la categoría de Danza fue flor de un día, su valentía animó al mundo de la danza a innovar e ir más allá. Para romper las normas primero hay que dominarlas, y quizá eso fue lo que le faltó a Muller para crear un Arte duradero que pasase a los anales de la historia.

Con respecto a la interpretación, y confirmando esta visión de película ‘femenina’, las tres actrices principales encarnan a la perfección sus papeles, haciéndonos cómplices de sus afectos y envidias. Empezando por la cantante Soko que nos mete en la piel de Muller y nos contagia con su frenetismo, entusiasmo y eléctricas danzas; Seguida muy de cerca por Melanie Thierry, que interpreta a Gabrielle Bloch, la que fue su representante, amante e incondicional apoyo; Y culminando con la joven Lily Rose Melodie Depp que encarna a una manipuladora Isadora Duncan, despertando en el espectador una mezcla de admiración, por sus gráciles movimientos, y de odio, por su desmesurada ambición y malas artes, y que contra todo pronóstico nos revela una gran actriz. En cuanto a los papeles masculinos, a penas destaca el personaje interpretado por Gaspard Ulliel, un noble que se convierte en mecenas de Muller, manteniendo con ella una relación de amor platónico, trágico y tortuoso.

Muller decía “¿Qué es la danza? Movimiento. ¿Qué es movimiento? La expresión de una sensación. ¿Qué es Sensación? El resultado que produce sobre el cuerpo humano una impresión o una idea que percibe el espíritu”… Esta película, tal y como lo concebía la verdadera Muller, es pura Sensación, pese a quedar lejos de lo que realmente fue la vida de Mary Louise Muller

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