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Snowden

Snowden eligió concienzudamente a quién revelar los delitos cometidos por los servicios secretos estadounidenses contra la privacidad de los ciudadanos

 

Nos asombramos cuando recibimos emails de productos que se adaptan a nuestros gustos, pero que provienen de páginas que jamás visitamos. Nos sorprende recibir llamadas de compañías con las que nunca hemos contactado. Nos molesta la lluvia de ‘información’ no solicitada… Pero ¿qué pasa cuando se va más allá? ¿cuando se traspasa la barrera de la privacidad, no sólo en los gustos (que ya es), si no que se invade la parcela de nuestra intimidad y se profanan nuestros más íntimos pensamientos, actos o conversaciones? Suena terrorífico, casi de ciencia ficción ¿no? Pero lamentablemente este 1984 existe y está en manos de los más peligrosos transgresores, en manos de aquellos que deberían poner las barreras, pero que en contra de lo esperado las han derruido y han hecho su casa sobre los cimientos de cada una de las nuestras.

Hace 3 años, un empleado de los servicios secretos de EEUU tomó la arriesgada decisión de hacer público lo que muchos intuían, de confirmar aquellos bulos sobre un Big Brother cibernético. Edward Snowden eligió concienzudamente a quién revelar los delitos cometidos por los servicios secretos estadounidenses contra la privacidad de los ciudadanos. Una brillante reportera, Laura Poitras, grabó (junto con los periodistas Glenn Greenwald y Ewan MacAskil) las primeras declaraciones de Snowden y se ganó un merecido Oscar por su documental Citizenfour. Este documental inspira claramente el film de Oliver Stone, haciendo de esta primera entrevista el centro sobre el que gira la historia.

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Lamentablemente la película de Stone se queda muy lejos del documental original. Una visión edulcorada y aséptica nos presenta los últimos 12 años de la vida de Edward Snowden. Su paso por el ejército, acompañado de las lágrimas por tener que abandonarlo debido a una lesión. Su vida sentimental, al lado de una comprensible y liberal novia que acepta estoicamente el secretismo que envuelve la vida de su pareja. Sus diferentes destinos dentro de los Servicios Secretos, dejando pasar delante de sus ojos todo tipo de ‘patrióticas ilegalidades’, hasta que decide que la intimidad del inocente ciudadano de a pié ha sido ultrajada. Su diagnosticada epilepsia, como dramático trasfondo en los últimos años. Y finalmente, casi de soslayo, su periplo desde las confesiones en aquella habitación de hotel en Hong Kong en junio de 2013 hasta su vida actual en Rusia.

La película en sí es un cúmulo de datos vagos y superfluos, decorados por el sentimentalismo de su vida privada. Una consecución de planos cortos, constantes cambios de escenario y datos anecdóticos (reales o no), que a penas dejan entrever todo lo que Edward vivió en la NSA, lo que reveló aquel junio de 2013 en Hong Kong o el tortuoso camino que tuvo que andar hasta salir del aeropuerto de Moscú. Es cierto que hay escenas marcadas, como el plano de la video conferencia entre Corbin O’Brian (Rhys Ifans), intimidando desde esa macro pantalla, y un asustado Snowden (Joseph Gordon-Levitt); O el final del film, donde el verdadero Snowden hace un cameo que se entremezcla con declaraciones reales de políticos y miembros de los servicios secretos, tomadas de las noticias. Pero todo lo demás simplemente pasa sin dejar huella.

Los hechos que envuelven a Snowden son lo bastante dramáticos y de peso como para centrar 134 minutos prácticamente en su vida personal. El espectador que llega ya instruido sobre estos hechos espera algo más de la película, algún dato revelador o alguna imagen que le conmueva y desordene sus ideas sobre lo que realmente ha ocurrido. Pero a cambio Stones nos deja imparciales, sin ese miedo real que todos hemos sentido cuando se supo lo que ocurría dentro de un servicio que debía protegernos y no invadirnos. Snowden declaraba en 2013: “No quiero vivir en un mundo donde todo lo que digo, todo lo que hago, todo lo que hablo, toda expresión de creatividad o de amor o de amistad queda grabada.” Y
tú ¿vivirías en una situación así renunciando a tu derecho a la intimidad a cambio de una hipotética ‘seguridad’?

El actor y el personaje real en una comparativa

El actor y el personaje real en una comparativa

Escrito por: Belén Asencio

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